EL MUNDO MÁS ALLÁ DE LOS ÁRBOLES AZULES. CAPÍTULO 6: EL CUSTODIO DE LOS REGISTROS

“Está ocurriendo”
El custodio de los registros abrió los ojos y se incorporó. Caminó hacia la pequeña mesa cerca de la ventana y se sirvió un vaso de jugo de frambuesas. Con la mirada perdida en la distancia, saboreó el jugo lentamente.
“Me pregunto si el resto de la historia también continuará cumpliéndose…” – pensó.
– Disculpe Custode Aniello, ¿se encuentra ocupado? ¿Puedo conversar con usted un momento? -la voz del conductor de la Brigada Elite de los Guardianes del Azul sobresaltó al custodio.
– ‎Pase Archimagirus Bence, lo estaba esperando – dijo el custodio al tiempo que apoyaba su jugo sobre la mesa.
– ‎¿Cómo sabía que iba a visitarlo?
– ‎Pues los rumores han de ser ciertos. La única forma de ocupar el puesto de Custodio de los Registros es habiendo naciendo con el don de la visión – rió
– ‎¡Oh! Me alegra escuchar eso. Entonces nuestra conversación será sencilla. Sólo tendrá que decirme todo lo que ve al respecto. Sin omisiones.- el custodio percibió un tono amenazante en la voz del conductor .
– ‎¡Vaya Archimagnus Bence, usted sí que es supersticioso para ser un Comandante Elite! – el custodio fijó su mirada en la del conductor – Despreocúpese, colaboraré con usted.
La primera vez que lo visualizó había sido el verano anterior. Ocurrió una tarde calurosa; la imagen de el libro llegó a su mente, y de inmediato registró todo lo que le llegaba. Cuando leyó el registro comprendió el peligro en el cual se encontraría si alguien más también lo hacía.
Si bien había jurado lealtad al Nuevo Sistema, tomó la decisión de mantener silencio acerca de este registro. Nadie podía saber acerca de el libro.
Custode Aniello, hemos recibido un reporte acerca de un intruso en las inmediaciones del Bosque de Caruelas. Los Curatores Lumen también han confirmado esta presencia extraña. ¿Usted no ha recibido ninguna visión al respecto?
– ‎¿Una presencia extraña? ¿A qué tipo de presencia se refiere? Quizás si me brindara más detalles…
‎Custode Aniello… acabo de compartir con usted el mínimo de información permitida, ya que es confidencial. Realmente esperaba que fuera usted quien me brindara más detalles… – dijo el conductor con sarcasmo, levantando levemente la ceja derecha.
– ‎Lamento no poder serle de más ayuda Archimagirus Bence. Ninguna de mis visiones recientes se relaciona a este suceso – el custodio afirmó, reteniendo la mirada del conductor.
– ‎Entiendo, Custode Aniello. Le dejo entonces la indicación de contactarme de inmediato si llegara a percibir algo. Le recuerdo una vez más la importancia de su rol para el Nuevo Sistema. Y su juramento de lealtad al mismo … Que disfrute su jugo. – el conductor dió entonces media vuelta y se dispuso a retirarse.
– ¡Archimagirus Bence! – gritó el custodio -. El conductor detuvo sus pasos y giró su cabeza en dirección al custodio; quien continuó – Esta presencia extraña… ¿realmente preocupa tanto al Nuevo Sistema?
El conductor frunció el cejo y sin responder salió de la habitación.
El Custodio de los Registros apuró su paso detrás del conductor y cerró con llave la puerta. Regresó a su escritorio y utilizó una pequeña llave que llevaba colgada de una cadena en el cuello, para abrir el último cajón y extraer varios manuscritos que estaban ocultos debajo de un falso fondo.
Cuando recibia sus visiones, el Custodio entaba en trance; algunas veces duraba sólo unos minutos, pero otras se extendía por horas. En esas ocasiones, el Custodio registraba en manuscritos cada uno de los mensajes, imágenes y advertencias que recibía. Estos eran sus Registros.
“El libro es antiguo sus páginas ya corroídas por el tiempo y algunas de sus secciones ilegibles”, describía el manuscrito. El Custodio también había dibujado la tapa de el libro utilizando nerviosos y gruesos trazos de lápiz 281C. El nombre Blavius estaba escrito una y otra vez sobre el mismo. “El Devorador del Azul llegará en una forma inesperada, su inocente imagen disimulará su verdadero poder”
Mientras sostenía los manuscritos, el custodio cerró los ojos y suspiró. Recordó al Praeceptor Cecil y al Praeceptor Cato. Recordó la convicción en sus palabras cuando, de joven y recién ingresado a La Regia Academia, relataban las profecías que aseguraban la llegada y posterior caida de un Nuevo Sistema. Recordó el día que había jurado proteger los Registros del Mundo Más Allá de los Arboles, esos Registros que guardianes como él habianprotegido durante generaciones.
El Devorador del Azul llegará en una forma inesperada – repitió en voz baja el custodio – ¿podrá ser? ¿Podrá el extraño realmente ser …? – se cuestionó en silencio.
Rápidamente, removió la llave de su cuello, la envolvió en papel de seda y la sumergió en el fondo de una botella de Exitiale Virus. SI alguien intentara recuperarla, tan sólo el roce de la piel con el poderoso veneno causaría la muerte instantánea. A continuación, prendió fuego uno a uno los manuscritos. Sentía sus lágrimas caer, mientras observaba cómo los registros se convertían en cenizas.
El custodio tomó el vaso con jugo de frambuesa que había dejado sobre la mesa y se dirigió hacia el balcón.
“Ha comenzado”, pensó.
Sonriendo, saboreó su bebida una vez más.
Luego subió al borde del balcón, y sin dudarlo, se dejó caer al vacío desde los 20 metros de alto de su torre.

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