EL CALDO PREBIÓTICO DE MI MENTE

Dije prebiótico, no probiótico.
Así que todos aquellos que pensaron en que tengo mucho yogur en la cabeza, por favor tomen sus pertenencias y salgan por la primera puerta de emergencia que vean iluminada de verde. Gracias.
En fin, para los que nunca entienden nada de mis importantes palabras; voy a recordarles aquello que aprendieron en la escuela cuando la maestra les contó el asunto de cómo se creó el mundo.
Inclusive mis maestras, que se esforzaban enormemente para hacer coincidir la ciencia con la descripción religiosa, me contaron que cuando no existía nada, existía un caldo primitivo.
Imagínense una olla de sopa gigante – calculo que calentita y medio olorosa, pero ojo que esa es una apreciación personal – llena de compuestos orgánicos (carbono, hidrógeno, nitrógeno) y expuesta a rayos ultravioletas y otros de gran energía.
Bueno, a ver; se que muchos aún siguen sin imaginarse la olla así que voy a facilitar las cosas aquí (no entiendo gente, una olla es una olla, y un caldo es un caldo, vamos que nunca se tomaron una sopita de verduras o de pollo?). Este liquido lleno de componentes orgánicos se activó debido a la energía que emanaban los rayos y ABRACADABRA!, comenzaron a generarse aminoácidos que a su vez generaron ARN.
O sea, se comenzaron a formar cosas vivas.
Y así con el transcurso del tiempo esas cosas vivas llegaron a ser cosas vivas más grandes como ustedes y yo.
No sé si esto aplica para mí, porque no estoy aún del todo segura de ser parte de este sistema solar, pero supongamos que sí.
La cuestión es que mi cabeza tiene una sopa parecida a esa sopa. Que no es la sopa que sopapea a todas las sopas, pero ciertamente a mi me deja knock out al menos 4 de 7 días de la semana.
No, no llamen a la emergencia que no tengo rayos ultravioleta prendiéndome fuego el cerebro. Al menos no todavía.
Lo que sí tengo en abundancia es ideas. Pensamientos. Recuerdos. Voces. Imágenes. Y están todos aquí plantados como invitados VIP de un crucero que navega por el caldo de mi mente, aguardando desesperadamente el momento de los fuegos artificiales.
Cuando digo fuegos artificiales sí me entienden de que hablo no?
Así es; hablo del momento en el cual la chispa se encienda y todos ellos entren en un estado ritual desenfrenado; saltimbanquiando y riendo maliciosamente.
El momento en el cual todo se mezcle y se fusione, se colapse y adquiera tal fuerza que no me deje ninguna otra opción más que aceptarlo.
Digamos que esta mezcla de ideas y pensamientos actual, por momentos me deja paralizada y desesperada, sin saber dónde estoy, ni qué estoy haciedo ni si realmente algo de todo esto que pienso y hago tiene sentido.
Es un sentimiento que genera vacío, incertidumbre y bastante ansiedad.
Me aleja del estado de gratitud, y me empuja más hacia el lado de la oscuridad que de la luz.
Sin embargo, tengo la sensación de que estos momentos son necesarios.
Dentro de mí existe esa voz que no entiendo qué es ni dónde exactamente se localiza, pero que me recuerda constantemente que este momento presente es lo que tengo y que tengo que aprender a ver lo bueno en cada situación que vivo, anotar aquello que se me presenta como un desafío porque allí reside mi aprendizaje, allí es donde obtengo las claves para resolver este intrincado rompecabezas; que no hace más que presentarme las piezas todas mezcladas y carentes de sentido para ir descifrando cómo ubicarlas dentro de mí y así dar lugar al nacimiento de “cosas vivas”, “cosas vivas nuevas”.
Así como en el caldo primogenio, mi mente está preparándose para su punto máximo de colisiones, está recibiendo toda la energía de cambios, de aprendizajes, de emociones con el objetivo de regenerarse.
Tengo fe en esta nueva etapa, tengo aún fuerzas para sostener este estado inquieto actual y aún más fuerzas para cuando llegue el momento de la fusión.
Aunque no entienda todo lo que ocurra a mi alrededor, aunque pueda sentir cómo las fuerzas se mueven y no verlas, aunque tan sólo distinga unos pasos delante de mí en este camino en el que voy.
Después de todo, con caldo o sin caldo, con Big Bang o sin Bing Bang, con el espíritu de Dios o sin él – o quiźas con todos esos componentes juntos – el mundo aquí está, y aquí ha estado durante millones de años. Ha sufrido variaciones en su forma, en su composición, en sus hábitats y habitantes, pero aquí sigue.
Y como todos somos parte de este único Todo con mayúscula y estamos presentes en cada átomo compartido, es lógico pensar que este momento de variación de mi propio mapa interno me mostrará nuevas formas y me mantendrá existente.
Regenerada y viva.

“Por eso ahora estoy escribiendo. Soy de esas personas que no acaban de comprender las cosas hasta que las ponen por escrito”.
Haruki Murakami

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