SOBRE EL ASUNTO DE LA CONSERVACIÓN DE LA ENERGÍA

Hola, estoy escribiendo desde el noveno círculo del Infierno de Dante. No porque haya traicionado a Dios, sino porque estoy más cerca del calor sofocante del centro de la Tierra que los de la expedición de Julio Verne.
Hay 41 grados C y yo siento que mi humanidad se termina en breve.
Claro que esta no es la primera vez que estoy a punto de morir pero no muero.
De hecho ahora que lo pienso, son más las veces que estoy a punto de morir por algo y no muero. Por calor, por frío, porque estoy cansada, porque tengo hambre, porque me duelen los pies, o las piernas, porque tengo PMS o porque comí mucho.
Hay más en la lista, pero no vale la pena entrar en detalles, porque acá lo que importa es que sigo viva.
La dificultad de estar viva en este momento radica en el hecho de que, sin aire acondicionado me achicharro, con aire acondicionado tengo frío, y con el ventilador me achicharro pero más lentamente.
O sea, el tema de tomar decisiones está complicado.
Hoy en una de mis clases online hablaron del tema de la toma de decisiones en relación con las emociones. Para hacerlo fácil, porque honestamente no sé explicarlo difícil como lo hacen los neurocientíficos, la toma de decisiones tiene que ver con las experiencias pasadas y con las emociones que esas experiencias despertaron en nosotros.
Cada vez que tomamos una decisión, inevitablemente tenemos una emoción ligada a ello. Y también, cada decisión que tomamos se parece en cierta forma a otra decisión que tomamos anteriormente. Entonces, cuando llega el momento de decidir en el presente, se activa una especie de “memoria emocional”, que nos hace ir para un lado u otro.
Así que volviendo al punto anterior, mi pregunta existencial de ¿prendo o no prendo el aire? evidentemente me está trayendo problemas porque las emociones de mis experiencias pasadas donde casi siempre estoy al borde de morir de frío o de calor, pero nunca muero, son mixtas.
¿Si me entienden?
Hay otro punto importante sobre el que quiero hablarles, y es que la ley en la cual baso mi vida, también me está trayendo problemas en el plano deciditorio (?!).
Estoy hablando de la ley de la conservación de la energía.
Es que yo no tendría este problema si no estuviéramos viviendo en una sociedad donde todo el tiempo hay que ser productivo, y todo el tiempo hay que estar pensando algo, y todo el tiempo hay que estar haciendo algo.
Yo NO QUIERO hacer todo el tiempo algo. Ni tampoco quiero hacer lo que todo el mundo hace todo el tiempo, cuando quiero hacer algo.
Entonces, ¿por qué habría de preocuparme acerca de esta sensación de tener que decidir hacer algo que no quiero hacer, para no sentirme culpable de no hacer nada cuando supuestamente debería estar haciendo algo parecido a lo que todo el mundo hace todo el tiempo? ¿Y por qué tengo que decidir si voy a decidir hacer algo que no quiero hacer, incluyendo el hecho de decidir si tengo que decidir?
Wikipedia dice que ” “La ley de la conservación de la energía afirma que la cantidad total de energía en cualquier sistema físico aislado (sin interacción con ningún otro sistema) permanece invariable con el tiempo, aunque dicha energía puede transformarse en otra forma de energía”
1) El sistema físico aislado vengo a ser yo. Porque interactúo con otros sistemas lo justo y necesario. Más lo primero que lo segundo.
2) Mi energía es invariable, eso de que sube y baja es simplemente un tema de mutación.
No, no estoy diciendo que soy un zombie. Ni una tortuga ninja.
Estoy diciendo que mi energía se transforma todo el tiempo.
Se transforma en ganas de comer desaforadamente, o en posteriores ganas de romper la balanza.
Se transforma en posts errantes, en dibujos garabateados.
Se transforma en horas de documentales sobre Pie Grande, el Triángulo de las Bermudas o la gente que desaparece en Alaska.
Se transforma, todo el tiempo se transforma.
Es curioso como ninguna de esas transformaciones alguna vez se haya manifestado como ganas de salir a caminar, ir al gimnasio o socializar, pero no nos distraigamos.
Calculo que mis transformaciones también están relacionadas a las decisiones que tomo.
Así que podríamos concluir en que no puedo decidir si prendo o no prendo el aire acondicionado porque mis experiencias pasadas relacionadas al frío y al calor me hacen dudar emocionalmente y entonces al mover mi energía para un lado o para otro también dudo, porque ya el tema viene jodidamente complicado desde el principio.
Que barbaridad.

De descansar, nadie murió jamás.
Anónimo

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