El último domingo en Corea

Ya estoy lista para escribir títulos de películas.

Bueno, sean compasivos por favor.

Hace 2 meses que estoy embalando cajas de 19 kilos promedio cada una, limpiando, donando, llorando, riendo – todo al mismo tiempo que enseño 4 clases. No es que me crea Capitán Marvel; pero caray, denme un poco de crédito.

Hace días que quiero escribir lo que voy sintiendo en este último tramo de mi paso por Corea, pero o no tengo tiempo, o no tengo energía o no me sale nada cuando estoy frente al teclado. O sea, una clara representación del melange en mi cabeza. Y en mi corazón. Y en mi cuerpo. Vamos, que ya no tengo 20 años y la espalda se me parte de dolor de tanto levantar, bajar, subir y mover peso.

Puedo decir sin duda alguna que vivir en Corea ha sido el desafío más grande de mi vida. Y los que me siguen desde mis comienzos (allá por el año 2011…) saben que mi vida es BASTANTE peculiar.

Quizás se pregunten por qué ha sido tan compleja mi estadía en este país, y si es que no me estoy pasando de dramática. Un poco de drama nunca está de más – bravo por quienes entendieron mi sutil broma (aclaración de la aclaración: k-dramas) – pero esta vez no estoy agregando componentes de efectos especiales.

No. Fue dificil.

Creo que casi siempre que nos salimos de nuestras zonas de comodidad – culturales, sociales, políticas – quedamos expuestos y con miedo. Eso es instinto, el necesitar la auto preservación y buscar refugio en algo familiar, algo que podamos manipular sabiendo que el resultado va a ser favorable. En mi caso, esta estrategia no me funcionó tan bien.

Los primeros dos años viví en la etapa típica de enamoramiento por la novedad. Todo me llamaba la atención, quería entender, conocer, aprender, explorar, experimentar. Esos años me los llevo conmigo en la parte de mi equipaje donde guardo esas fotografías sacadas con el alma que me hacen sonreír cada vez que las recreo.

Pero como en el amor, esa etapa luego cambió. Mutó y se transformó en una tormenta. Una tormenta masiva; un tsunami, un terremoto y un tifón combinados y ocurriendo simultáneamente. Por fuera y dentro de mi. Esta tormenta no fue tan solo una “gran tormenta”. Esta tormenta tenía vida propia. Y tomó la mía. Vació mi cuerpo humano y lo poseyó.

Entonces ya nada era divertido, ni exótico ni interesante. Ya no veía colores ni escuchaba sonidos. Sólo existían capas y capas de oscuridad sobre mí. Tenía permanentemente los ojos rojos de llorar y las manos frías de dolor.

El dolor del desarraigo. El dolor de mi propia existencia confusa de aquel momento. Que no era la misma confusión de otras veces; este era el propio Dios del Caos bajado a la Tierra con la misión de entretenerse conmigo.

Fue así como pasé los siguientes dos años; en una combinación de excesos – de comida, de compras, de manías – y de faltas – de mi idioma, de mi cultura, de mi gente. Y yo, que siempre he luchado por mantener los platos de mi balanza lo más alineados posibles, ya no era Libra. Era todo el zodiaco mezclado en una tapita de Coca-Cola.

El último año fue el peormejor. Sí, es una palabra que acabo de inventar y no tiene ningún sentido ni lógica. Exacto. Así fue. Todavía estoy intentando terminar de descifrar de que se trató todo este 2019. Pero he aquí otra certeza: nació siendo el peor y se va siendo el mejor.

Hoy es mi último domingo en Corea. Y no siento nada. Es difícil describir la nada. No es vacío, no es tristeza. No es nostalgia ni es ansiedad. Tampoco es alegría ni entusiasmo.

Y aunque últimamente sí siento todas esas emociones, hoy no. Hoy no tengo ganas de salir a caminar porque “es la última vez”. No tengo ganas de hacer nada especial porque “es el último domingo”.

Hoy sólo estoy. En este presente, en este momento y sintiéndome así. Última vez o no última vez. No importa. No sé a quién se le ocurrió que las últimas veces son especiales y hay hacer algo para celebrarlas. Digo, ¿qué significa última vez? ¿existe tal afirmación?

Hoy es mi último domingo en Corea. Sí. Y mañana, el último lunes.

Y asi seguiré toda esta semana.

Y asi seguiré mis días. Viviendo siempre hasta la próxima vez que sea la última vez.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.